lunes, 20 de julio de 2009

A buen fin no hay mal principio

¿Qué te queda por hacer una vez terminas de escribir tu libro, lo publicas y tratas con empeño de comunicar su existencia a través de los medios de difusión literarios más importantes de internet? – Efectivamente: nada.

Según tengo entendido el día 15 de Octubre se da a conocer el fallo del jurado del premio Planeta. Conozco mis posibilidades pero aun así viviré con ilusión hasta entonces, pues más que esperanzas lo que siento es curiosidad, es decir, por saber qué tipo de novelas o trabajos son los que merecen ser galardonados con tal cuantía a razón de su mérito.

Mientras tanto he retomado el buen hábito de la lectura y gracias al presente de Dementes literarias
estuve disfrutando ayer de El mercader de Venecia de William Shakespeare. En realidad es la primera vez que leo algo suyo, puesto que hasta ahora solo había conocido su obra a través del teatro o del cine. Creo recordar que alguien me regaló Hamlet en inglés, queda muy bonito en mi estantería, no me avergüenza reconocer que ni lo he leído y que probablemente no lo haré nunca. El mercader es una obra teatral fantástica, seguro que lo vuelvo a leer; a pesar de la calidad en su contenido la obra no es demasiado extensa, no pasa de ser un cuadernillo. He memorizado un par de párrafos que me llamaron la atención aunque de lo que me gustaría dejar constancia en esta ocasión es de la patente moraleja respecto a las sanas intenciones. Ahí va:

Recompensa a la modestia de Bassanio

Porcia, que es el nombre de la rica heredera que se disputa la nobleza de media Europa, debe encontrar marido y para ello su difunto padre ha convenido que el único pretendiente que debe aceptar su hija será aquel que consiga descifrar el enigma tras las tres cajas. Es de lo más interesante.

El enigma está en la sabia elección, pues el padre entregó tres cofres a Porcia: uno de oro, otro de plata y un último de plomo. La cosa está en que en uno de ellos se encuentra una imagen de la chica; aquel que dé con ella será merecedor de sus favores y el difunto padre podrá darse también por satisfecho allí donde esté.

- En el cofre de oro puede leerse algo tal que: Quien escoja este cofre ganará lo que muchos desean.
- En el cofre de plata puede leerse: Quien escoja este cofre obtendrá lo que merece.
- En el cofre de plomo puede leerse: Quien escoge este cofre arriesga por él todo lo que tiene.

Total, que a Porcia sus pretendientes se la sudan bastante excepto uno que es Bassanio, el colega del protagonista y que, según nos da a entender la obra, es quien más se merece a la pava. A la hacienda de Porcia (que vaya nombre por cierto, a mí me suena a “porcina”) llegan el principe de Marruecos, el principe de Aragón y por último Bassanio. Los va recibiendo en ese orden.

El principe de Marruecos es un garrulo con dinero con lo cual, dejándose llevar por la opulencia y por la cita “lo que muchos desean”, escoge el cofre de oro y se come una mierda porque dentro solo hay una calavera con una nota que dice: “no es oro todo lo que reluce” Así que el moro se vuelve a casa con las manos vacias por ser un piyuli.

El principe de Aragón era un listo. Pasa de la caja de plomo porque según él no hace justicia a la belleza de Porcia. El cofre de oro le parece un engaño como la típica respuesta evidente del Trivial así que escoge la caja de plata. El mensaje en la caja ponía: “quien la escoja recibirá lo que merece” y claro, recibe una mierda por ser un listo de los cojones; en la caja solo encuentra la imagen de un necio (dice). Así, el principe de Aragón se pira pa su keli porque también se come los mocos... ya sólo nos queda el bueno de Bassanio que es un tio legal y que a Porcia se le nota que le hace tilín.

Bassanio llega y se pone a escoger, efectivamente escoge el cofre de plomo porque desconfía de los ornamentados en oro y plata que, debido a que él mismo es comerciante, tan solo le resultan medidas de intercambio fútiles en comparación con lo que puede valer el amor de Porcia. Al elegir la sencillez del plomo se encuentra con la recompensa de todo aquel que es modesto.

La última reflexión

Ahora hablemos de modestia: ¿Cuánto puedo tener yo de Bassanio? ¿Cuánto debo arriesgar sin que me llegue a arrepentir de mis actos y sus consecuencias? ¿no he ido hasta ahora un poco de sobrado como el principe moruno? ¿o no me habré pasado de listeras como el maño?

El futuro de la primera parte de “Klaüs Zayin y las siete formas del amor” dependerá en gran medida de los verdaderos motivos que albergaba mientras la estuve escribiendo. ¿Serán suficientemente nobles como para hacerme merecedor de algún premio?

Si acaso, el mejor premio que he podido recibir es vuestra confianza. Así pues, abriré el cofre de plomo y que sea lo que dios quiera. Todo cuanto ha estado en mi mano lo he hecho ya.

Hasta la próxima.

Y gracias otra vez, lamento tener que despedirme pero este si que es el:

FIN

K.M. Koffer
www.klauszayin.com

2 comentarios:

  1. Bueno esta moraleja deja al humilde en el lugar que se merece en muchas ocasiones. Aunque la realidad es bien distinta, ya que los ricos lo acaparan todo, o al menos todo cuanto su dinero puede comprar.
    Un saludo, Koffer. Y buen veraneo...
    Felices horas de lectura.

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  2. Gracias Mián, ahora comenzaré con "Estudio en escarlata" de Sherlock Holmes. Seguramente el próximo será el tuyo,que todavía no he recibido.

    Disfruta del ocio.

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