
Antes de entrar a comer nos dimos una vuelta hasta llegar a la zona donde se encuentra la catedral de Victoria (creo que era esa, desde luego, vaya guía turístico iba a ser yo). De camino vimos un travesti que era más guapo que muchas tías que conozco (aunque a la luz del día se notaba que era un pavo), encontramos otro puesto de tenderetes donde también compré imanes de nevera (seis o así) y terminamos echándonos más fotos junto a la catedral esa. Yo iba un poco pedaco por culpa de la Pilsen Urquell y el Becherovka que me había tomado así que las fotos que saqué no fueron muy buenas. La foto que sale ahí arriba la echó Cristina, la he usurpado de su Facebook sin que ella lo sepa aún.
Allí me terminé el Becherovka prometiéndome que por lo menos esa variedad no volvería a comprarla y regresamos sobre nuestros pasos deteniéndonos a comer en el restaurante donde ponían Elvis. Yo me zampé una pizza que tenía un nombre así como de cosas picantes, estaba buenísima y era grande, no recuerdo si tomé postre, juraría que sí, lo que recuerdo es que me bebí dos ‘cola light’ que no sé por qué me dio por beber colas light en la república checa, y luego me tomé un café que me sentó divinamente. Cuando la peña estaba con la sangre en el estómago me escapé un momento y pagué la cuenta, este pequeño detalle no lo plasmo porque esté orgulloso del gesto ya que considero que tampoco es digno de alabanzas, solo lo escribo a modo de recordatorio para que la próxima vez no se me ocurra volver a hacerlo.
Con la barriga llena y en medio del proceso de digestión nos tomamos un descanso allí mismo y luego salimos en busca de los jardines de Petrín, que al parecer estaban cerca de la zona en la que nos encontrábamos. Praga es genial, cada visita es un pequeño paseillo.
K.M. Diapositivas-Koffer www.klauszayin.com
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