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El perfume y la obsesión
Suerte que Jean-Baptiste terminó su obra justo antes de que le apresaran, de lo contrario hubiese sido ejecutado sin más pena ni gloria de la que se le concedería a un asesino cualquiera.
Inspirada en la novela de Patrick Süskind, la película El perfume nos presenta el retrato de la obsesión. En un miserable marco Parisino nace Jean-Baptiste, superviviente entre la pobreza y las penurias en la Francia del siglo XVIII gracias a su prodigioso don: una sensibilidad fuera de lo común para percibir las fragancias.
Apodado Grenuille desde su paso por el hospicio, terminará trabajando para un curtidor de piel en condiciones de auténtica esclavitud, aunque su verdadera vocación se le presenta cuando conoce casualmente al maestro perfumista Baldini. A partir de entonces empleará su talento innato, junto con las enseñanzas de su mentor, en busca del “Perfume Perfecto”. Y de momento es todo cuanto puedo contar para no estropearos la película.
Fue en verano del 2007 cuando adquirí gratuitamente el ensayo Sobre el amor y la muerte, también de Süskind, donde se nos presenta una escueta reflexión de la cual me serví para componer las bases de Trigonometría del Amor; entonces no sabía que este mismo autor había escrito a su vez El perfume. Podría decirse que el trabajo de Süskind fue, tal como el del maestro Baldini, instigador de la verdadera finalidad de Klaüs Zayin y las siete formas del amor, en busca del “Amor Perfecto”.
Ayer aprendí, gracias al filme, dos cosas acerca de la obsesión:
- Que esta no se escoge voluntariamente, sino que somos inducidos a ella tal como si se tratase de una afortunada maldición.
- Que debe llevarse hasta el final, pues una vez infectado no existe remedio posible más que complacerla. La obsesión vive y crece gracias a nosotros, la complacemos y ella nos corresponde alimentando nuestro gozo; la única condición es no abandonarla, sobretodo cuando ésta resulte una verdadera carga en nuestra cotidianeidad.
Voy por la página 174.
K.M. Koffer www.klauszayin.com
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