jueves, 14 de mayo de 2009

Paciencia

La única razón por la que intentaría publicar el libro a través de una editorial de prestigio sería para poder dedicarme exclusivamente a escribir, y ya no lo haría ni por la fama ni por el reconocimiento; tampoco para abandonar mi trabajo actual, ni siquiera por la pasta... sólo lo haría para poder disponer de tiempo e invertirlo en este proyecto, que cada vez veo más descuidado.

Me paso el día en la oficina; tres de cada cinco días laborables estoy yendo a un cursillo por las tardes que elimina las pocas horas de ocio que me quedan tras salir del trabajo; trato de cumplir con las tareas del hogar, cosa que no necesitaba hacer antes, y cuando no me llaman mis padres o me requiere algún amigo me terminarán llamando los vecinos de la comunidad para pedirme qué sé yo. Estoy agotado, normal que cuando llego a casa no tenga ningunas ganas de ponerme a corregir las páginas que me quedan; no haré un trabajo eficiente si no me encuentro concentrado.


Tal como solía decir cuando tenía dieciocho años y me pasaba los fines de semana casi sin dormir: Necesito unas vacaciones. Creo que esta frase la escuché en la película El último boy-scout, desde entonces la empleo con frecuencia cuando me veo abusando de los ritmos circadianos. Basta ya, ¿no? Debería irme a casa a dormir o algo. Creo recordar también que en uno de los capítulos incluidos dentro de la novela me prometía a mí mismo el no llevar la obra a las editoriales para así diferenciar Klaüs Zayin y las siete formas del amor del resto de publicaciones. ¡Menudo fiasco! Me encuentro con la necesidad de implementarle un empujón que sólo podría dárselo una editorial invirtiendo su experiencia para crear una publicidad apropiada y una amplia edición de ejemplares. Está claro que ese trabajo no puedo hacerlo yo solo; es decir: podría, pero no dispongo de tiempo.

Lo que ocurre es que me estoy agobiando una vez más porque “se suceden los días en los que no invierto tiempo en mi libro”. Debo procurar ver las cosas con perspectiva optimista: El cursillo termina en septiembre; se acerca el verano y con él las vacaciones; la primera semana de junio tengo un día de fiesta y con el tiempo ya me iré acostumbrando a levantarme a las siete y a hacer las faenas de la casa.

(suspiro)

Supongo que no siempre dispongo de tanta paciencia.

K.M. Koffer
www.klauszayin.com

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