lunes, 27 de julio de 2009

Lecturas entretenidas - 3º parte

¡Hola! y bienvenido otra vez al rincón de las lecturas entretenidas. Esta iniciativa que va a durar hasta el día 31 de julio tratará de amenizar tus momentos de hastío mediante los mejores fragmentos de Klaüs Zayin y las siete formas del amor. Esperando que los disfrutes, recibe un cordial saludo.

El paraiso

Al principio era la nada en la que existía Dios, cuya imagen por lo visto era la de un hombre anciano con una barba exuberante que vestía una túnica blanca y usaba como cinturón un cordón de oro. Entonces Dios vivía en la nada y como se aburría mucho decidió que de su magia particular crearía nuestro universo, que es todo aquello que conocemos: El sol, la luna, los astros, el cielo, el mar, los animales, las plantas, las montañas... y finalmente, después de tanto trabajar, decidió crear al hombre (varón) para que viviese en aquel paraje de ensueño que había fundado para él. ¡Qué generoso!

Lo siguiente que le dio por crear antes de abandonar para siempre su cometido fue a la mujer, que estaba hecha de una costilla del hombre (Puaj) cuando este a su vez fue confeccionado con barro a la imagen y semejanza de Dios pero sin la túnica ni el cordón de oro. La mujer era un ser hermoso, que no tenía barba como el hombre (varón) ni como Dios y que por tratarse de su último modelo poseía unas formas más estilizadas y unas maneras más refinadas que los anteriores, o algo así.

Dios los puso allí para que viviesen en el paraíso como cuando Klaüs jugaba con sus muñecos He-man y los ponía en el castillo de Grayskull. En aquel entonces todo era felicidad para ellos puesto que no pasaban frío aunque estuviesen desnudos todo el santo día, tampoco les atacaban las fieras que habían desperdigadas por allí porque en un principio todos los animales eran buenos y mansos, tampoco tenían que cocinar ni hacerse las camas porque no existían. Ambos eran esbeltos y atractivos, se querían y encima no tenían padres ni suegras que les importunaran. Definitivamente eso sí que era el paraíso

La has hecho buena, tío (parte 1 de 2)

... Laura, que era como se llamaba la primera mujer del paraíso, le pidió a Klaüs, el hombre varón, que cogiese para ella una manzana que había en un árbol en cuyo tronco se enroscaba una serpiente. Entonces él recordó que en cierta ocasión mientras merendaban Dios les había ordenado que no cogiesen manzanas de aquel árbol, pues si lo hacían les desterraría del paraíso por desobedecerle. En el caso de que esto llegase a suceder deberían apañárselas sin su ayuda y auguró que el futuropara ellos iba a ser francamente infortunado en adelante, pues volverían a estar expuestos a todo tipo de penurias: Las fieras se volverían salvajes, tendrían que cocinar y hacerse las camas, deberían trabajar para ganarse el pan con el sudor de su frente, enfermarían y se morirían... vamos, que les quitó las ganas de probarlas.

Laura persuadió a Klaüs para que cogiese una de aquellas manzanas aun a sabiendas que Dios se lo había prohibido de forma tan contundente; él no entendía para qué demonios se iba a complicar la vida y en un principio desatendió sus palabras, no se sentía para nada tentado a probar el fruto de aquel árbol, había cientos de miles de árboles a su alrededor y no comprendía por qué a ella se le había metido en la cabeza que necesitasen probar aquellas manzanas precisamente. Tampoco llegaba a comprender qué le había dado a Dios con eso de proteger aquel ejemplar si total, salvando la serpiente, era igual que los demás. Dios debía haberse vuelto loco de tanto trabajar, desde luego a Klaüs le parecía una soberana estupidez que se pusiese así por un simple árbol de nada... pero bueno, les permitía vivir de gorra en el paraiso y a él no le costaba respetar su decisión por muy excéntrica que le pareciese.

Con los días Laura se volvió aún más pesada con el tema, cuando se iban a dormir él la advertía turbada y pensativa, parecía como si a todas horas se alentase en su cabeza aquella obsesión disparatada. Cada vez le hacía menos caso a Klaüs y cuando él se acercaba para besarla se daba cuenta de que ella no cerraba los ojos al hacerlo y andaba mirando para otro lado, como si estuviese pensando en las musarañas... en realidad estaba pensando en la condenada manzana ¿Cómo podía ser tan obstinada?

- Olvídalo, no pienso hacerlo - le decía Klaüs malhumorado por lo cansina que llegaba a resultar su compañera.
- ¡Pero es que yo quiero probarlas! - le respondía ella - Seguro que si nos ha prohibido tocarlas es porque son las más buenas y las guarda para él... ¡claro! a nosotros nos da las que no quiere ¡y él se come las mejores! No sé como eres capaz de estar ahí sentado sin hacer nada al respecto ¿y se supone que tú eres el hombre? Si yo fuera tú ya le habría puesto las cosas claras. Además ¿qué es una manzana de nada?

K.M. Koffer www.klauszayin.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario