¡Hola! y bienvenido (por cuarta vez) al rincón de las lecturas entretenidas. Esta iniciativa que va a durar hasta el día 31 de julio tratará de amenizar tus momentos de hastío mediante los mejores fragmentos de Klaüs Zayin y las siete formas del amor. Esperando que los disfrutes, recibe un cordial saludo.
La has hecho buena, tío (parte 2 de 2)
Pasaban los días y las conversaciones que mantenían se volvieron monotemáticas, Klaüs hacía oídos sordos en cuanto se daba cuenta de que su compañera sentimental volvía a darle vueltas al asunto.
- Me he fijado que son más rojas que las demás - le explicaba ella mientras desayunaban - Seguro que si son más rojas es porque son más buenas - Klaüs asentía con un gesto de sarcástica aprobación. Todo el día igual, estaba tan empecinada que ya ni siquiera se mostraba cariñosa y él desesperaba.
- ¿Por qué no las coges tú misma? - le preguntaba rudamente.
- ¡No ves que no llego estúpido! ¡En realidad no te cuesta nada coger una para mí! Si me quisieras de verdad me regalarías una...
Klaüs se palmeó en la frente, estaba molesto y desesperado, en un momento de lucidez que tuvo decidió que lo mejor sería ir a preguntar a Dios si podía coger solo una para hacer que Laura se diese por satisfecha de una maldita vez y todo pudiese volver a ser como antes, sino por lo menos podría darle un buen motivo para no hacerlo y Laura tendría que ceder ante una explicación convincente.
Gritó su nombre hacia el cielo pero por lo visto no estaba disponible, Dios estaría descansando aún después de su sobresaliente labor al crear el mundo y no iba a ser Klaüs quien le despertase.
Después de llamarle repetidas veces se desalentó, Laura se acercó a él y le profirió un:
- ¿Lo ves? ¡Te lo dije! seguro que las guarda para él...
Klaüs no oía nada más que bla, bla, bla y bla. Desesperado se acercó al árbol sagrado y le preguntó a la serpiente:
-¿Tú qué harías?
- Dásela ya y que se calle ¡Por el amor de Dios! me está poniendo la cabeza como una campana - le respondió el áspid. Dado que su consejo era justamente lo que necesitaba escuchar, y no tenía ganas de soportar ni un minuto más los comentarios persuasivos de Laura, cogió una manzana y se la entregó a ella.
- ¿Estás contenta? - le preguntó. Él la miraba atentamente y se dio cuenta de cómo le brillaban los ojos mientras contemplaba el fruto en sus manos.
- Sí, vale, pruébala tú primero por favor - reivindicó ella apresuradamente.
- ¿Cómo? No no, la manzana la querías tú y aquí la tienes, haz con ella lo que te dé la gana pero a mí no me involucres más - Klaüs se sentía desbordado con las impertinencias de su compañera.
- Va porfa, pruébala. Si lo haces te daré un beso de aquellos que tanto te gustan - y Klaüs, con aire de nefasta displicencia, tomó la manzana.
Pensó que ya no le venía de ahí y con el mismo coraje de aquel que se tira de un avión sin paracaídas le dio un gran mordisco. La tan exacerbada mística de la fruta sagrada desapareció en cuanto Klaüs se percató de que esta sabía exactamente igual que las demás.
Estaba apunto de reprocharle a Laura la insoportable pantomima que había tenido que aguantarle únicamente por comer una manzana que era igual que el resto cuando de pronto escuchó la voz grave de Dios desde el cielo que le decía:
- ¡Te pillé!
- Tío, ahora sí que la has hecho buena - fue la observación locuaz que le hizo la serpiente mientras contemplaba la escena con los ojos como platos.
- ¡Ay Dios! Exclamó Klaüs lamentándose.
K. M. Koffer www.klauszayin.com
La has hecho buena, tío (parte 2 de 2)
Pasaban los días y las conversaciones que mantenían se volvieron monotemáticas, Klaüs hacía oídos sordos en cuanto se daba cuenta de que su compañera sentimental volvía a darle vueltas al asunto.
- Me he fijado que son más rojas que las demás - le explicaba ella mientras desayunaban - Seguro que si son más rojas es porque son más buenas - Klaüs asentía con un gesto de sarcástica aprobación. Todo el día igual, estaba tan empecinada que ya ni siquiera se mostraba cariñosa y él desesperaba.
- ¿Por qué no las coges tú misma? - le preguntaba rudamente.
- ¡No ves que no llego estúpido! ¡En realidad no te cuesta nada coger una para mí! Si me quisieras de verdad me regalarías una...
Klaüs se palmeó en la frente, estaba molesto y desesperado, en un momento de lucidez que tuvo decidió que lo mejor sería ir a preguntar a Dios si podía coger solo una para hacer que Laura se diese por satisfecha de una maldita vez y todo pudiese volver a ser como antes, sino por lo menos podría darle un buen motivo para no hacerlo y Laura tendría que ceder ante una explicación convincente.
Gritó su nombre hacia el cielo pero por lo visto no estaba disponible, Dios estaría descansando aún después de su sobresaliente labor al crear el mundo y no iba a ser Klaüs quien le despertase.
Después de llamarle repetidas veces se desalentó, Laura se acercó a él y le profirió un:
- ¿Lo ves? ¡Te lo dije! seguro que las guarda para él...
Klaüs no oía nada más que bla, bla, bla y bla. Desesperado se acercó al árbol sagrado y le preguntó a la serpiente:
-¿Tú qué harías?
- Dásela ya y que se calle ¡Por el amor de Dios! me está poniendo la cabeza como una campana - le respondió el áspid. Dado que su consejo era justamente lo que necesitaba escuchar, y no tenía ganas de soportar ni un minuto más los comentarios persuasivos de Laura, cogió una manzana y se la entregó a ella.
- ¿Estás contenta? - le preguntó. Él la miraba atentamente y se dio cuenta de cómo le brillaban los ojos mientras contemplaba el fruto en sus manos.
- Sí, vale, pruébala tú primero por favor - reivindicó ella apresuradamente.
- ¿Cómo? No no, la manzana la querías tú y aquí la tienes, haz con ella lo que te dé la gana pero a mí no me involucres más - Klaüs se sentía desbordado con las impertinencias de su compañera.
- Va porfa, pruébala. Si lo haces te daré un beso de aquellos que tanto te gustan - y Klaüs, con aire de nefasta displicencia, tomó la manzana.
Pensó que ya no le venía de ahí y con el mismo coraje de aquel que se tira de un avión sin paracaídas le dio un gran mordisco. La tan exacerbada mística de la fruta sagrada desapareció en cuanto Klaüs se percató de que esta sabía exactamente igual que las demás.
Estaba apunto de reprocharle a Laura la insoportable pantomima que había tenido que aguantarle únicamente por comer una manzana que era igual que el resto cuando de pronto escuchó la voz grave de Dios desde el cielo que le decía:
- ¡Te pillé!
- Tío, ahora sí que la has hecho buena - fue la observación locuaz que le hizo la serpiente mientras contemplaba la escena con los ojos como platos.
- ¡Ay Dios! Exclamó Klaüs lamentándose.
K. M. Koffer www.klauszayin.com
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