Justo en la esquina inferior izquierda aparece mi brazo derecho ¿lo veis? Pues ahora os será más fácil encontrar mi forma entre tanto juego de sombras. Donde termina el brazo comienza la manga del polo negro que llevaba ese día. Ahora ya podéis intuir mejor dónde se ubica mi rostro; está mirando hacia la derecha de la imagen, contemplando mi propia cordura que en aquel preciso instante se encontraba sentada frente a mí. Nos separa tan solo la mesa donde descansó el único vaso de Martini blanco que durante poco más de media hora me había estado acompañando. La estampa es grotesca, por la saturación tan densa de colores que ofrece la cámara de un móvil de dos megapíxeles sin flash... aun así siento un especial aprecio por este testimonio visual que he llamado cariñosamente Corduroy, y es humor... porque corduroy en inglés no significa cordura sino Pana (sí, la pana de los pantalones de pana).
Y ahí estoy, contemplándola de frente... atendiendo a esas preguntas que nadie más me hace excepto ella. No suelo encontrarla a menudo, por lo que en cada nueva ocasión que se presenta terminamos hablando de lo mismo.
Pese a que cada uno de nosotros presumimos que nos acompaña en todo momento ¿dónde está tu cordura ahora?
La escena resultó tan confusa como muestra la propia fotografía, lo cual me lleva a pensar que es un acierto casual el que la definición de la misma aparezca tal como se distingue. Es metafóricamente idónea.
El tiempo avanzó despacio durante el encuentro, ella tira del hilo, te habla de cosas que no te gusta oír pero las atiendes, porque sabes que nunca te va a cuestionar nada que no sea cierto. Es extraño, pero ella también sufre ante tu realidad. Al fin y al cabo tu cordura es parte de ti.
K.M. Koffer www.klauszayin.com
Nadie sabe ni cuándo ni por qué se revela la cordura sobre los cuerpos. Desde el lugar que ocupo en esta sala de reuniones (fila tres; el de la camisa de cuadros no, el de negro; sí ése; el que sostiene la libreta en la mano izquierda), creo entender que la mera influencia del desequilibrio sirve de cebo para caer sobre el necesitado; la cordura no precisa más. De este modo, entiendo la entrevista que tuviste junto a ella, pues yo me entiendo con la mía cada vez que se aviene a visitarme; ya sea en el sofá, en la cama, o sentado en la hierba del parque. No sé la tuya, pero mi cordura es más diestra con los años; y miedosa, cada vez abre un nuevo hueco dentro de mi cabeza implantando una nueva Puerta de Temor ¡Oh! Siempre esta trabajando: yeso, arena, ladrillos ¡Dios! Pronto el laberinto que está formando será inmenso e inquebrantable; miedo me da perderme en sus miedos.
ResponderEliminarSé que tenemos que vivir si tenemos, y eso es fácil, lo difícil es vivir sin tener.
La próxima vez que te encuentres con tu cordura, invítala a un Martini blanco, no bebas solo, quizá después te sorprenda y te cuestione algo que no sea cierto.
Un abrazo, Koffer.
Es un buen trabajo el que estamos haciendo, MiánRos. Aunque no comenté tus últimas entradas quiero que sepas que las leo todas. Encuentro que es muy saludable que nos andemos revisando nuestros "derrames" (guiño)
ResponderEliminarTe agradezco mucho que andes por ahi. Después de 7 días mi última crisis existencial ha dejado de perturbarme, ya me encuentro mejor :D
Siempre estoy por ahí (es la ventaja de ser inquieto). Enciendo el ordenador, reviso el Blog, o escribo algo de merecer que me haya ocurrido o me importune; vistazo a las nuevas entradas de Blogs-amigos (si las hay)escribir algún comentario que si es de reseñar y acto seguido paso a contestar el correo; luego... de cabeza a escribir, ya centrado en la novela que tenga en marcha. No siempre el orden es el descrito, pero sí recorro todas las pautas mencionadas.
ResponderEliminarEl Hombre es un animal de costumbres, y yo, como acostumbro a ser Hombre, me acoplo a las costumbres.
Ánimo, los "bajones" también son recuperables; yo los echo en el contenedor morado. Se reciclan para conseguir cacharros que floten.
MiánRos.
Foto tan confusa e indefinida como la cordura misma, que se cree y la creemos cuerda porque nosotros mismos le otorgamos esa cualidad, pero acaso sea otra faceta más de la "locura"?
ResponderEliminarEs locura, no me cabe duda. Ahora, con la perspectiva del tiempo, lo veo más claro. Los locos son más divertidos.
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