Krtek (topete tú)
Lo que me supuso el mayor acierto de todo el viaje, y ya desde el primer contacto, fue encontrarme con los muñequitos de Krtek (Mole), el topo checo (que no chueco, atención). Krtek, o en inglés “Mole and his friends” era una serie de dibujos animados que emitían en televisión cuando yo era un crío. Pocas cosas se pueden admirar tanto como la disposición de la televisión catalana por ofrecer a los niños unas series tan notables, y es que considero que esa sí es una muy buena forma de implementar valor sentimental al idioma de la terra, pese a que en los dibujos del topo Mole tan solo se emitieran sonidos. Bueno pues, debido a un fuerte cólico de nostalgia y movido por un rescate emocional de (redoble:) ternura (sí, esta palabra es la segunda vez que la escribo en toda mi vida, Jaime puede dar fe de ello) el topo conquistó mi corazón y me devolvió a un estado incólume de mi infancia con el que me vi obligado a adorar la figura de Mole incondicionalmente durante el resto de mi visita a Cheskilandia. De hecho, a mi regreso me puse ‘en seguimiento’ de Ebay los deuvedés con las aventuras de Krtek. Supongo que se trata de un estado emocional transitorio, espero no llorar cuando vuelva a ver los dibujos, tengo uno de los cinco dvd’s esperándome en casa y temo que eso pueda llegar a suceder. Soy una inmundicia, un trozo de carne patética y llorona como los demás... pero bueno, por lo menos no estoy tan muerto por dentro como pensaba.
En fin, ya le dedicaré más tiempo al topo en adelante, el caso es que después de visitar el mercado y pasar por la agencia de información para recoger ídem sobre espectáculos operísticos fuimos finalmente a una tienda de exchange (‘cambio’ en españelski) para cambiar nuestros euros por Chéskas Kóronas, ya os digo, hay que alejarse del centro para sacarle el máximo rendimiento a los euros, ah, y sobretodo no confundir, cuando ellos te ponen “we buy 24’70 Ck” significa que por cada euro que tú les das ellos te dan 24’70 cheskis. Ese fue el sitio donde mejor encontramos el cambio, dos calles por detrás de la torre del reloj astronómico, cuanto más cerca del centro peor, y en el aeropuerto ni te cuento, me parece que nos daban 22 coronas cheskas por cada euro, ¡menudos fenicios! Al equipo azul se les cruzó la pava del cambio (exchange, wechsler) porque era muy gorda y muy rancia, por lo visto fue poco esplendorosa de cara a mis compañeros y la pillaron con ella ¿y qué esperaban de una checa? ¿no? Total que luego estuvieron rabiando, lanzando improperios y malas caras desde la calle a la exchange cabinet donde se encontraba la fat-chesca... supongo que a ella no solo le daba igual sino que encima se reiría de nosotros, en cuanto a educación se refiere nos llevan siglos de ventaja, yo creo que se lo pueden permitir, para ellos no somos más que unos gañanes, unos monos o unos italianis fetuccinis... somos euro-moros como escuché una vez.
Se me ha olvidado comentar que antes de lo del cambio nos detuvimos a ver las campanadas del reloj astronómico de la plaza del reloj astronómico. En realidad las vieron los demás, yo me puse mirando a la muchedumbre en sentido contrario y grabé un vídeo poniendo a parir a la gente borrega que mira donde miran los demás. Supongo que debí haberlo visto yo también, pero ¡qué hostias! seguro que lo puedo ver en youtube cuando me salga de los websters.
¿Qué más? pues eso, luego merendamos en la cafetería donde nos pusieron el chocolate a la taza. El Josete estaba paliducho y medio muerto, no pudo disfrutar de las mieles de la merendola checa y tuvo que conformarse con cenar a la vuelta. Nos pusimos a patearnos unas cuantas tiendas por el centro, muchas eran de chuminís de esos (souvenires) y en una galería estrecha que había junto al río Moldava (Vldava) me compré una camiseta de color gris muy hooligan que pone ‘Prague’.

¿Qué más? pues eso, luego merendamos en la cafetería donde nos pusieron el chocolate a la taza. El Josete estaba paliducho y medio muerto, no pudo disfrutar de las mieles de la merendola checa y tuvo que conformarse con cenar a la vuelta. Nos pusimos a patearnos unas cuantas tiendas por el centro, muchas eran de chuminís de esos (souvenires) y en una galería estrecha que había junto al río Moldava (Vldava) me compré una camiseta de color gris muy hooligan que pone ‘Prague’.
Dobra únoch, Czech repúblic
Se nos hizo de noche junto al Moldava y pudimos disfrutar de la iluminación nocturna de la ciudad, un encanto, como en todas las ciudades europeas. Cruzamos el río por el puente Carlos (Karlova most) que está lleno de esculturas que por la noche dan bastante mal rollevski, porque son muy católicas a la vez que muy siniestras, dignas de estampitas de colección para inquisidores.
Dimos media vuelta, tal como os decía, y regresamos por el mismo trazado hasta llegar al Mc Donalds. El equipo rojo no estaba conforme en su totalidad con tal decisión, pero como el equipo azul estaban más que entusiasmados no pusimos ningún tipo de impedimento y a decir verdad a mí tampoco me pareció mala idea. Visito la gran M una vez cada cinco años ¿por qué no hacerlo en Praga? Por cierto, lo que dicen en Pulp fiction es una realidad: Al cuarto de libra con queso lo llaman Royal con queso. El Jose, por si no había tenido una tarde suficientemente desalentadora, se tiró la coca cola por encima. A mi me pilló que estaba mingitando justo cuando eso sucedió, así que no llegó a salpicarme (humor cutre). Los checos son educados, no cabe duda, pero al igual que en el resto del mundo los hay que no se lavan las manos después de mear.
¡Pozooor! ¡cuidadooor!
K.M. kofferkova-dobrodruzstvi www.klauszayin.com
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