Pivo, calor y proxenegros
Cené una hamburguesa doble con queso, patatas fritas y Coca cola... hacía siglos que no comía una bazofia tan deliciosa. Los refrescos están más buenos en la república checa porque el sabor dulce tiene unos matices distintos y el agua carbonatada no es tan guarra como la que tenemos aquí, las burbujas eran más finas (qué expresión más chunga) y el sabor en general me pareció más agradable que al que nos tienen acostumbrados en la península. Como el primer día estábamos cansados por todo el ajetreo de los aviones y eso pasamos de pivar, sí sí, lo dije bien, en república checa la gente no “priva” sino que “piva”, más que nada se debe a la coincidencia fonética que existe entre el elemento ‘pivo’ y el verbo ‘pivar’, pues los alcohólicos de Praga decidieron en su día llamar Pivo a la cerveza. No está mal, podías pasarte el día entero diciendo Pivo-pivo-pivo por todas partes y no te cansabas.
Un detalle sobre la ‘prostitiut street’: Resulta que sólo con el primer paseo nocturno de vuelta en dirección a la gran M amarilla ya pudimos observar que la avenida estaba como tomada por africanos con pinta de gangsta; como es lógico comenzamos a divagar a cerca de tan curiosa situación: que si los negros eran gigolós y en Praha les iba el rollo hard-gay; que si tenían los bolsillos muy abultados y probablemente venderían bolsas de marihuana para los turistas; que si estaban esperando el bus nocturno; que si salían de noche para mimetizarse con el entorno (para lo cual deberían ir con la boca cerrada)... en fin, una sarta de tonterías que nos llevó a la conclusión de que lo más lógico es que fueran proxenetas, o “proxenegros” en este caso. Alguien me comentó que Praga (city) trataba de mantener un aspecto alejado de lo que es la minifalda a linea con el souvenir, medias de rejilla y bolso que da vueltas en plan hipnótico... con lo cual llegamos a deducir que los proxenegros eran los que hacían la calle y te llevaban (sí tú querías) a donde se encontraban las ‘próstitiuts’, así le hacían un favor al ayuntamiento praguense, es decir, sin putas en la calle pero con negros gangsta apoyados en las farolas; supongo que al cambio la imagen de la ciudad sale ganando, digo yo.
Después de la experiencia en el Mac Donalds y el ensayo sobre los proxenegros regresamos al hotel. ‘Dobra unóch’ te dicen cuando llegas y está oscuro en la calle. Subimos a la habitación cogiendo el ascensor en dos turnos, el ascensor era marca Schindler y cuando llegabas a planta te hablaba en checo y en italiano, cuando llegamos a la habitación ésta estaba más caldeada que Dante’s peak, incluso el radiador que sirve para calentar las toallas en el cuarto de baño lanzaba autenticas llamaradas con hedor a azufre y gasolina, el clima resultaba idóneo para freír unos calamares a la romana en la pica del baño; el agua del retrete era sopa miso. Aquella noche no pensamos que hiciese falta abrir las ventanas (después resultó que sí) que se encontraban en el techo inclinado del habitáculo, había dos, una sobre mi cama y otra a nivel de la segunda planta, donde dormirían mis compañeras de ‘apartamento para tres’ [ahora entiendo un poco mejor al tío de la serie, aunque como siempre lo de la lencería femenina es un engaño, malditos franceses... (¿sabíais que el pavo de ‘Ap3’ ya la espichó? Sí hombre, el mismo que hacía de padre en ‘este chico es un demonio’ Buscadlo en el google y ya vereis, hay una página dedicada a los celebrities de poca relevancia que la han palmado)].
Al final de la escalera... hacía un calor de mil demonios.
La primera noche fue la más calurosa, la Neus solucionó el conflicto durmiendo en bragas (bien); Cristine Keeler llevaba un pijama muy fino que le permitió adaptar la temperatura de su cuerpo al entorno tropical en el que nos encontrábamos; yo por mi parte dormí únicamente con la camiseta de Skins-Prague y mis inseparables calzoncillos negros que están ya apoyándose en el inserso, cualquier día de estos les doy la carta de jubilación. Esa fue la historia de nuestro primer sueño en la Czech republic. Agotados por las escalas aéreas y el desgaste neuronal que supone enfrentarse a tantas novedades de golpe nos quedamos dormidos plácidamente con la confianza de que el siguiente día en Cheskilandia iba a ser tan cautivador (hashki) como el primero. No nos equivocamos.
Dulces sueños pequeñuelos.
K.M. Klusty-Koffer www.klauszayin.com
Muchas gracias amigo Koffer por tu comentario en mi blog. Como siempre, agradezco un montonazo tus palabras. Y que vivan las pivos, jeje. Un abrazo, compañero.
ResponderEliminarMe gustó mucho la entrada en tu blog, qué menos que reconocerte el mérito ¿no? Anímate, que menudo invierno más jernoso nos ha tocado este año. Kurt cobain se hubiese suicidado en menos que canta un tirolés. xD
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