Neus y Cristina terminaron con los tenderetes de bisutería y decidimos detenernos para tomar algo por ahí mientras esperábamos a que terminasen de hacerles las caricaturas a nuestros compañeros, la ascensión a la torre de Petrín (aún no estoy seguro de si se llamaba así) nos dejó exhaustos. Nos sentamos en un bar junto al Moldava que tenía sillas de mimbre y unas mantas rojas con las que te cubrías las piernas, se estaba muy agusto porque hacía fresquillo y bueno, que ¿cuándo recuerdas tú haberte tomado una fanta junto al río en una silla de mimbre y con una manta contemplando tranquilamente el atardecer? Pues eso, creo que durante el rato que estuvimos allí sentados hablamos sobre la costumbre que tenían los checos de usar el color rojo, sobre lo que nos quedaba para visitar al día siguiente y yo que sé... me desconecté para relajarme y ya no atendí a la conversación, no recordaba estar tan apacible desde hacía mucho tiempo. Qué descanso, mira que habían transeuntes por allí pero el rincón donde se encontraba el bar era acogedor y con unas vistas de la ciudad dificilmente superables. Hombre, desde la torre de Petrín esa sí que se veía bien Praga, pero allí no podías pedirte un refresco ni sentarte en una silla (insisto) con una manta cubriéndote las piernas.
El resto del grupo se reunió con nosotros poco después de que el camarero nos sirviese los refrescos. Nada más llegar nos mostraron las caricaturas que les habían hecho y si no recuerdo mal el Jose y la Montse estaban perfectamente caracterizados, el Bernat y la Laura se parecían pero tampoco era tanto como los otros dos, así que el tío que hizo las caricaturas triunfó, porque de cada pareja había sacado a uno perfecto y al otro normal.
Un apunte: creímos tener la certeza de que en Praga los aseos no tenían pestillo, pues bien, cuando entré al baño del bar aquel junto al Moldava (Vldava) le eché una foto para que no quedase en entre dicho y para poder dar fe de que en Praga SI existen los pestillos en las puertas de los aseos públicos. Este comentario no tiene patrocinador, su contenido es libre y al alcance de todos.
Creo recordar que en cuanto ellos llegaron nos tomamos algo más en la terraza junto al Moldava y después nos fuimos, pasamos una vez más por la plaza del reloj astronómico y el Bernat hizo el agosto con unos tíos que vendían souvenires, el pavo se puso a regatear con ellos y creo que de las compras que hizo se llegó a ahorrar (ahora no estoy seguro) más de veinte euros. Los vendedores (que parecían gitanos rumanos) nos hicieron acompañarles hasta la tienda de un supuesto primo de ellos para que fuésemos a comprar más barato incluso que en los tenderetes. El Bernat se compró una camiseta, yo una gominola de cola con azúcar que medía casi medio metro, la Neus se compró unas acuarelas y no sé qué más.
Cuando se hizo oscuro optamos por ir tirando hacia el hotel; de camino encontramos con una juguetería que nos propusimos visitar al día siguiente, un bar donde hacían conciertos de jazz que también nos propusimos visitar al día siguiente y terminamos cenando en los puestos de klobasas (salchichas) que había en la prostitiut street. Yo no me atreví, tenía el estómago regular. La Neus se pidió un bocadillo de pincho de pollo con verduras que le gustó mucho pero que luego por la noche le pasó factura.
En las nocturnas calles de la vieja Praga se contaban por centenares los proxenegros, aquella noche pudimos ver dos prostitutas, una era morena y con aire latino (el resto ya lo sabéis: falda-cinturón, medias de rejillá, camiseta elástica...) y la otra directamente era sudamericana y anda charlando con unos tios borrachos que le estarían pidiendo los honorarios. Las parejas iban de la mano, nosotros (Cris, Neus y yo) nos cogimos los tres y cuando Cristina me preguntó por qué lo hacíamos le dije que me sabía mal que fuese sola, la Neus apoyó la moción y ella nos dijo: - ¡Qué tontos sois! – pero no se soltó así que llegamos los tres cogidos del brazo.
Ya en el hotel yo me apoltroné para quedarme roque y ellas se pusieron en mi cama (que era la que estaba frente a la tele) para ver un programa en la televisión italiana que daba más asco que otra cosa pero que servía de distracción pues lo divertido del mismo consistía en criticar lo horrendo que era. El programa en sí iba de unos tíos muy feos que cantaban muy mal y unas tías que estaban muy buenas que se exhibían en lencería, era como el ‘noche de fiesta’ de Jose Luís Moreno pero con acento de Bologna, la misma bazofia que en todas partes... no encontraron ningún canal con porno y yo me decepcioné de la televisión como viene siendo costumbre. Llegó un momento en que se cansaron y subieron a la planta superior del loft para ponerse a dormir, esta vez con las ventanas abiertas ¡quién nos iba a decir que en Praga haría el calor que hace en las Seichelles! Total, que cuando apagamos las luces y nos dijimos ‘buenas noches’, ‘dobra unoch’, ‘prosim’ y demás paridas yo me quedé a solas en la oscuridad, con las manos detrás de la nuca, apunto para ponerme a reflexionar sobre cómo había ido todo... cuando me quedé profundamente dormido y no se supo más de mí hasta la mañana siguiente.
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