lunes, 28 de marzo de 2011

Motivos

Hace ya unos meses me recomendaron un libro, estuve hablando con un colega acerca del texto que ando escribiendo y a razón de lo que le expliqué él lo mencionó y me prometió que ya me lo dejaría. Pues bien, así fue. Semanas después me dispuse a leerlo, concretamente ayer por la noche; lejos de ser un superventas este libro (o por qué no decirlo: cuaderno de caligrafía) se encuentra en el mercado y la gente lo compra. 130 páginas, contenido pésimo-nefasto, supuestamente de humor, con unas anécdotas trilladísimas y con un tamaño de letra tan grande que, os lo prometo, me duele a la vista. Eso sí, si tú te lees la ficha del artista y la descripción de la obra te da la sensación de que tienes entre manos un manuscrito excelente... nada más lejos de la realidad, pues cualquier cosa buena que se pueda decir del mismo es un engaño al más puro estilo de los anuncios de teletienda. Y a todo esto no pienso mencionar ni el título ni el nombre del autor, simplemente por cortesía... pues respeto no me merece ninguno, más que nada por ser cómplice de la estafa. Así pues, leí del tirón hasta la página 41 y a partir de ahí me estaba aburriendo tanto que decidí ir saltando los capítulos como aquel quien ojea un periódico y tan solo lee lo que le interesa según los titulares. Pues bien, digamos que si lo hubiese pagado con mi dinero cogería la dichosa obra por una esquina y a modo de estrella ninja lo hubiese clavado con un tiro limpio, de tres puntos y sin tocar el aro, en el cubo de la basura para no volverlo a ver nunca más. Y continúo remarcándolo: esa mierda se vende y está en el mercado literario. Recientemente comencé a leer otro trabajo que me recomendaron, recuerdo que en este caso también me lo iban a prestar pero esta vez ya con ánimo de regalármelo... y debo decir que no me extraña, cuando iba por la mitad lo encontré tan soporífero que me prometí a mí mismo que no trataría ni de acabarlo, y no por despecho sino por ser práctico, ya que de lo contrario cada vez que viese el lomo de esa obra en mi estantería recordaría el tan preciado tiempo que hubiese perdido tratando de terminarlo y me pondría de mala hostia. Qué poca falta me hace. En esta ocasión se trataba de una obra de segunda de un escritor que actualmente goza de bastante fama a nivel nacional, digamos que, a mi entender, injustificada... pero eso ya cada uno con sus gustos. Y en definitivas cuentas, leer me devuelve la ilusión, sobretodo al descubrir que lo que pasa por mis manos se me queda pequeño, eso es porque hay nivel. Lo único que debo hacer es no abandonar, pues yo mismo, por exigente, hago trizas mi material, aunque en comparación con esas mierdas que leo podría decirse que es verdaderamente bueno. Una vez terminada la corrección procedo a pasar a limpio el texto, lo próximo será crear una buena composición, una que a mí me convenza y, de ser posible, que permita leerlo una y otra vez sin que por ello me produzca pereza. Eso debería ser un buen libro y es lo que, una vez más, quiero llegar a escribir. Ánimo.

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