viernes, 19 de junio de 2009

Pequeña esquela

Lamento traer una noticia triste para hoy, ciertamente lo pasé mal la semana anterior cuando me anunciaron la muerte del gatito Kitty. Voy a contaros la breve historia de su paso por este mundo y de cómo me cautivó pese al poco tiempo que pude conocerle.

Kitty, cuyo nombre se lo otorgó su dueña cuando aún pensábamos que era una gata, nació hará cosa de un mes aproximadamente. Fue el hijo gatuno de una camada de cuatro y primo cercano de Chenler, el que va a ser nuestro próximo gato (se iba a llamar Roxy, pero al final resultó ser macho también). Era blaquito y con manchas grises, a mi parecer el más chulo de los cuatro, por la foto podéis haceros a la idea.

La que iba a ser su dueña lo adoptó para criarlo, la semana anterior había ido a una tienda especializada para comprarle: Una camita, una manta, una casita... y todo el merchandising que se pueda recopilar de la marca Hello Kitty para un gato; de ahí que ella decidiera llamarle Kitty. Cada uno haga su propio juicio, yo no me pronunciaré por respeto.

Al día siguiente de ser adoptado su dueña nos llamó, al parecer el gatito la tenía frita porque se había pasado toda la noche maullando desconsolado y no les había dejado dormir ni a ella ni a su pareja. Bueno, decidimos hacerles una visita aquella misma tarde.

Encontramos al gato maullando tal y como ella nos comentó, resulta que la propietaria de la gata que dio a luz a Kitty ya había advertido a su nueva dueña de que éste se encontraba enfermo y con diarrea. Por la noche había manchado su nueva cama de Hello Kitty... y es que era pequeño, pero también un gran rebelde.

Su nueva dueña nunca había criado ningun gato así que se vio desesperada y sin saber qué hacer, como un niño cuando le chorrea el helado por el cucurucho. Desde que habíamos llegado no paraba de quejarse; el gatito tenía todas las patas sucias debido a la diarrea, total que decidimos bañarle con agua caliente para lavarlo. Una vez lo dejamos limpio le propusimos a su nueva dueña que le aplicase una pomada; con la diarrea andaba escocido e irritado el pobre. Como la chica era enfermera pudimos encontrar entre sus enseres una crema para aliviar los escozores y tal. Cuando terminamos con el proceso Kitty se quedó tranquilito, aún maullaba y su llanto duró mientras nadie le hizo caso. Total que lo llevé a su cama y lo estuve acariciando durante un buen rato hasta que, cubriéndolo con toda mi mano para darle calor (era fácil de abarcar), se quedó dormido plácidamente. Su dueña, en vista del éxito obtenido, me pidió que le hiciese de canguro para cuidar de su gatito cuando éste estuviese mal.

- Que sepas que cobro – le dije.

Al día siguiente le llevaron al veterinario y como la doctora les dijo a la pareja que el gatito estaba enfermo (y que no era gata sino gato) éstos decidieron devolverlo a la propietaria de su madre. Eso fue todo lo que les duró la ilusión, si llego a saber que el pobrete moriría poco tiempo después me lo hubiese quedado, al enterarme de tan trágica noticia recordé que la tarde en que tuve la ocasión de conocerle había grabado un video en mi movil en el que aparece Kitty jugando conmigo.


Es extraño que se pueda tener la sensación de estar triste y alegre a la vez. Siempre que veo el video me pasa.

K.M. Koffer www.klauszayin.com

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