¡Hola! y bienvenido a la última entrega de las lecturas entretenidas. Esta iniciativa que va a durar hasta el día 31 de julio tratará de amenizar tus momentos de hastío mediante los mejores fragmentos de Klaüs Zayin y las siete formas del amor. Esperando que los disfrutes, recibe un cordial saludo.
El hacha de oro (parte 2 de 2)
(continúa de la entrada anterior)
- Acércate - le dijo, y él se acercó. Puso un pie sobre el agua y sintió que podía avanzar firmemente por el camino que reflejaba Selene. Sus pasos le llevaron como en sueños hasta el centro del lago, se detuvo cuando advirtió que la claridad que emanaba el aura de la ninfa no le permitía acercarse más.
- He visto cómo tu hacha caía en el lago - espetó con un confortable susurro - la he recogido para devolvértela.
Con un grácil gesto descubrió uno de sus brazos que hasta entonces permanecía bajo la túnica azabache. En su mano sostenía indudablemente un hacha aunque esta se veía más ostentosa que la que había perdido Klaüs en el lago. El hacha que le mostraba la ninfa había sido fraguada con oro. Le preguntó:
-¿Es ésta tu hacha joven Klaüs?
Klaüs vaciló un momento al dar su veredicto pues se abstraía admirando la escena con detenimiento. En su respuesta intentó mostrarse seguro y contestó negativamente.
-¿Tal vez ésta? - inquirió de nuevo, luego levantó el otro brazo tan delicadamente como lo hizo con el anterior y esta vez le mostraba una refulgente hacha de plata. Parecía muy valiosa, tal vez valía más de lo que podría reunir Klaüs trabajando durante toda su vida.
- No, ninguna de esas dos herramientas son mías, mi hacha es mucho más humilde.
La ninfa se sonrió, el resplandor que emanaba su aura se volvió más intenso y cegó al modesto campesino que se desequilibró y cayó sobre su rodilla derecha. Cuando pudo volver a abrir los ojos se percató de que la aparición del lago se había situado frente a él, extendió sus brazos y le presentó las tres hachas: la de oro, la de argento y la suya.
- Ten, humilde campesino. Todas te pertenecen ahora pues estoy convencida de que eres el más indicado para poseerlas y hacer buen uso de ellas.
Volvió a deslumbrarle con el resplandor mientras su silueta se fundía en el color sombrío del agua de la laguna, cuando Klaüs consiguió recuperarse de la ceguera todo había vuelto a la normalidad, todo excepto su vida en la que había devenido un giro inesperado.
¿Cómo acontecería a partir de ahora?
K.M. Koffer www.klauszayin.com
El hacha de oro (parte 2 de 2)
(continúa de la entrada anterior)
- Acércate - le dijo, y él se acercó. Puso un pie sobre el agua y sintió que podía avanzar firmemente por el camino que reflejaba Selene. Sus pasos le llevaron como en sueños hasta el centro del lago, se detuvo cuando advirtió que la claridad que emanaba el aura de la ninfa no le permitía acercarse más.
- He visto cómo tu hacha caía en el lago - espetó con un confortable susurro - la he recogido para devolvértela.
Con un grácil gesto descubrió uno de sus brazos que hasta entonces permanecía bajo la túnica azabache. En su mano sostenía indudablemente un hacha aunque esta se veía más ostentosa que la que había perdido Klaüs en el lago. El hacha que le mostraba la ninfa había sido fraguada con oro. Le preguntó:
-¿Es ésta tu hacha joven Klaüs?
Klaüs vaciló un momento al dar su veredicto pues se abstraía admirando la escena con detenimiento. En su respuesta intentó mostrarse seguro y contestó negativamente.
-¿Tal vez ésta? - inquirió de nuevo, luego levantó el otro brazo tan delicadamente como lo hizo con el anterior y esta vez le mostraba una refulgente hacha de plata. Parecía muy valiosa, tal vez valía más de lo que podría reunir Klaüs trabajando durante toda su vida.
- No, ninguna de esas dos herramientas son mías, mi hacha es mucho más humilde.
La ninfa se sonrió, el resplandor que emanaba su aura se volvió más intenso y cegó al modesto campesino que se desequilibró y cayó sobre su rodilla derecha. Cuando pudo volver a abrir los ojos se percató de que la aparición del lago se había situado frente a él, extendió sus brazos y le presentó las tres hachas: la de oro, la de argento y la suya.
- Ten, humilde campesino. Todas te pertenecen ahora pues estoy convencida de que eres el más indicado para poseerlas y hacer buen uso de ellas.
Volvió a deslumbrarle con el resplandor mientras su silueta se fundía en el color sombrío del agua de la laguna, cuando Klaüs consiguió recuperarse de la ceguera todo había vuelto a la normalidad, todo excepto su vida en la que había devenido un giro inesperado.
¿Cómo acontecería a partir de ahora?
K.M. Koffer www.klauszayin.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario