Voy a hablaros por un instante sobre un libro que es algo así como una prueba contra vosotros mismos, un relato que abre la puerta de la crisis que durante tanto tiempo habéis estado evitando. Milan Kundera escribió en su día La insoportable levedad del ser, una novela que golpeará como un pesado martillo contra los pilares de vuestra concepción existencial desde el primer momento en que comencéis a leerla. A mí me ha gustado mucho, ha sido lo mejor de todo cuanto he leído este verano. Igualmente me ha dejado trastornado, como cuando vi la película Control.Cuando uno pronuncia en público el nombre de La insoportable levedad del ser la gente comienza a dar su opinión en plan -¡Uf! vaya tostón ¿no?- o -Joder, qué denso suena eso- pero, en contra de lo que creen, particularmente he encontrado que este libro es muy accesible... hasta para quien no tiene el hábito de leer.
En la forma de escribir de Kundera he visto reflejadas mis aspiraciones narrativas: Capítulos cortos, lenguaje asequible, momentos complejos que contrastan entre episodios de la vida común... y sobretodo reflexiones existenciales con esa forma de explicar las cosas tal que “hasta un niño las pudiese entender”.
Leerlo me ha alentado para continuar escribiendo, pero también me ha llevado a través de prolongadas formas de melancolía y duros momentos de introspección. Me ha devuelto a una etapa anterior, justo donde debía regresar para proseguir con mi historia. Por poner un ejemplo, ahora mismo disfruto otra vez de mis antiguos discos de los Type O Negative, que mantenía en el exilio de mi estantería desde hace por lo menos doce años.
Así pues, pocos días después de concluir la lectura de la novela, despertó en mí a través de un sueño la tan temida recesión de la objetividad realista (o crisis existencial, he alterado la expresión por no redundarme). Una semana entera me ha llevado recuperarme de ella pero, como en cualquier otra circunstancia, las horas bajas y la tormenta en mar abierto han conducido mi bajel hasta un nuevo y confortable desembarco en la playa del comedimiento.
Es por ello que considero que La insoportable levedad del ser es mucho más que una simple lectura entretenida de esas cuya escasa trascendencia nos mantienen en un (para mí) angustioso letargo. Enfrentáos a ella, leedla... cuando salgáis a flote os veréis recompensados.
Nota final: Tuve que pedir el libro prestado, puesto que en las tiendas no lo tienen si no es que lo encargas. No sé vosotros, pero a mí eso me resulta una buena señal. Igualmente me lo acabaré comprando porque da vicio rescatar algunas partes para volverlas a leer.
Eso significa que os lo recomiendo encarecidamente.

No he tenido el placer de leer la novela de Kundera, pero sin embargo es de esos títulos que han pasado por mis manos, lo recuerdo bien, cada vez que puedo escaparme a las grandes superficies a ojear libros; simplemente el título de la novela de Milan Kundera ya es sugerente como para levantar a su "Hijo de Papel" y curiosear sus músculos verbales, el arranque, el principio, (reconocido vicio que suelo consumar muy a menudo, "divino goce"; habré leído cincuenta millones de prólogos y aperturas, ¡uf!). No obstante creo haber oído sobre esta novela que el narrador reincide ─y bastante─ en el vicio del circunloquio y esto resulta de difícil lectura. No creo que esto fuera un problema para mí a la hora de leer, abierto a cualquier tipo de escritura, ya que mi dúctil cerebro de esponja absorbe las formas, las reformas y multiformes semánticas que pueda encontrar ante mis ojos.
ResponderEliminarSin duda pienso que tiene que ser una de esas pequeñas joyas que no deben dejarse de leer, si pasara alguna vez por nuestras manos.
Enhorabuena por ver tus pretensiones en la escritura de Kundera, Koffer. Todos mamamos o hemos mamado de algún lugar (necesario para crecer), o de muchos en mi caso; pero no menos cierto es buscar tu propia personalidad que dote a tu escritura de la fuerza de tu puño, de tu gracia, de tu verdadero pensamiento hecho párrafo.
Un saludo vía web.
De hecho, escribí mi novela mucho antes de leer esta y lo que me ha sorprendido es encontrar "un jarrón como el mío", ya sabes. ¿Recuerdas cuando me comentaste que el "cambio repentino de persona en la narración" te desconcertaba? Pues este tio hace lo mismo, y en cualquier ocasión rompe la lectura y aparece para dar su opinón respecto a lo que él mismo está escribiendo. Es como ver una película acompañado por uno de esos tios que te van haciendo comentarios a cada momento.
ResponderEliminarEs un libro increible.
Un ciber-abrazo colega.