lunes, 10 de mayo de 2010

IN FLIGHT CZECH - volumen cahtré (4) [parte 1 de 3]

Garden of Petrín (los jardines del Pedrín)

Largo fue el paseo esta vez, saliendo del restaurante le dijimos decuí (gracias) y nasgletanú (adiós) a la camarera que nos atendió (que era checa pero simpática esta vez) y regresamos hasta la catedral esa que os decía que juraría era la catedral de Victoria. Avanzamos un poco más por la calle arriba hasta llegar a un mirador que formaba parte de la terraza de otro restaurante de la zona, al parecer debía ser de los caros. Desde allí la vista era magnífica, divisamos la posición de los jardines de Petrín y la torre del observatorio (eso ponía en el mapa) que es como la torre Eiffel pero algo más pequeña. Descendimos por un sendero que se encontraba entre viñedos y al llegar abajo encontramos otra vez la cota cero de la ciudad, un par de calles más y habríamos llegado hasta los jardines que dan nombre a este apartado.


En contra de lo que pensábamos el parque no era una extensión sobre llano sino que formaba parte de la falda de un montículo, con lo cual si querías visitarlo tenías que ascender por unos caminos que te llevaban hasta la cumbre donde se encontraba la susodicha torre de metal que parecía la torre Eiffel pero que no lo era; ahora que lo pienso, no sé si la llamaban la torre de Petrín... es posible. El equipo azul estaban petaísimos y nos comunicaron que pasaban de subir así que la ascensión la llevamos a cabo únicamente los miembros del equipo rojo. La verdad es que visto desde abajo impresionaba porque la pendiente de los caminos era verdaderamente pronunciada aunque luego veías a los viejos bajar como si fuesen cabras y pensabas: si lo puede hacer un viejo, lo hago yo por mis narices. Decididos, nos pusimos a caminar y poco a poco fuimos alcanzando el objetivo; una vez arriba nos sentamos en un banco y nos planteamos si valía la pena pagar por subir a la torre y echar unas fotos.

- ¿Tú crees que habrá que pagar? - Nos preguntaba Cristina. Santa inocencia.


- Ja ja ja - (se llamaría esta foto)


Su inextinguible optimismo nos llevó a pensar por un momento que cabría la posibilidad de que fuese gratis (emoticono risa), está claro que nos hicieron pagar, no sé si fueron unos 300 cheskis por cabeza (12€) pero lo cierto es que mereció la pena. Subías por unas escaleras de madera y la torre tiene dos niveles, igual que la torre Eiffel, primero hicimos fotos desde el mirador de media altura y una señora que hablaba español me preguntó si faltaba mucho para subir, me comentó también que su marido estaba arriba y a ella le daba palo seguir porque le dolían las rodillas o yo que sé. Le dije algo pero no lo recuerdo. Juraría que la estructura tenía un ascensor en el eje de la misma pero era solo para minusválidos, y como no era el caso terminamos subiendo las escaleras a pie y sacamos las mejores fotos de la ciudad de Praga desde la atalaya. Una vieja nos tiró un cuesco al lado y tuvimos que emigrar discretamente, fuimos asomándonos por cada uno de los ventanales del perímetro circular de la cúpula superior hasta que conseguimos ver los 360º de la extensión de la ciudad checa. Muy bonito, las catedrales, el Moldava, los edificios construidos a la europea, los jardines y arboledas... seguro que había fabricas que echaban humo igual que aquí pero desde la torre de Petrín esa no eras capaz de verlas, los cristales debían tener un filtro que impedía a tus ojos percibir cosas funestas. La panorámica era un espectáculo, merecía la pena subir.


Cuando nos decidimos a bajar pudimos comprobar que en torno a la torre hay dos hélices de escaleras, unas de subida y otras de bajada ¡qué listos son los checos! Así mientras bajas no te tropiezas con la gente que sube... lo vuelvo a decir, nos llevan siglos de ventaja.

Antes de reagruparnos con el equipo azul le saqué una foto a una papelera donde ponía ‘plasty’ y que a la Neus y a mi nos recordó a nuestra gata Trasto ¿por qué? Pues porque a veces la llamamos Plasty, os lo explico: en efecto se llama Trasto, pero cuando se pone pesada la llamamos Plasto, y en modo cariñoso también la llamamos Plasti. Ahora lo entendéis mejor ¿verdad? Pues eso, continuamos con el descenso y poco después nos encontramos con Jose, Laura, Montse y Bernat que habían visto no se qué (me lo dijeron, pero ya sabéis como soy) y ya bajamos todos juntos mientras el Bernat nos daba lecciones sobre nutrición y hábitos alimenticios correctos.

K.M. Plasty-Koffer www.klauszayin.com

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