Hoy hace un día espléndido, lo puedo intuir levemente gracias al cálido resplandor de luz que irradia el gran astro a través de las cortinas plegables de mi despacho. Durante el fin de semana que dejamos atrás he tenido tiempo suficiente para dedicarselo a mis intereses particulares: los amigos y el libro. En principio tenía previsto asistir a tres conciertos, uno para cada día comenzando desde el viernes por la noche, pero al final no fuí a ninguno.
El mismo viernes después de volver del cursillo cené y me puse a dormir, a la mañana siguiente debía llevar a mi novia al aeropuerto ya que salía de viaje con su madre. Nos levantamos a las cinco de la madrugada, cuando me despedí de ella eran aproximadamente las nueve y al regresar a casa me costó retomar el sueño. Me puse a ver 24 hours party people y no es para tanto, la verdad.
El sábado por la tarde lo dediqué a escribir, se suponía que iba a salir de concierto y al final los planes tampoco resultaron según lo previsto. Mi colega el Pau venía de Dublín y llevaba desde el miercoles con un ritmo de juerga criminal, sucedió que poco antes de marcharnos se echó a dormir de lo reventado que estaba. El Juanan y yo nos quedamos viendo El gran Lebowsky (hacía un montón que no veía tanto la tele) en una singular noche que resultó desconcertante. Era la una y media cuando el Pau se despertó, así que después salimos a echar unos copazos de madrugada y estuvimos cerrando bares y discotecas hasta las seis (en realidad solo cerramos un bar y una discoteca, pero es que la frase anterior tenía más fuerza si empleaba el plural) Conocimos a Cristina, yo probé el Jameson y el Pau probó el Glenfiddich; Mezclamos, y aun así ibamos pregonando por ahí que cuando uno sale de marcha "lo mejor es no mezclar"... menudo ejemplo. La música nos acompañó de forma agraciada durante las horas que estuvimos fuera, pocas veces encuentras una noche en la que te sientes cómodo con todo lo que escuchas. Después del fin de fiesta, y una agradable despedida acompañada entre canciones de los Joy Division, regresamos a casa para intentar dormir.
Todo eso sucedió el sábado, el domingo estuve con el Juanan repasando sosegadamente las modificaciones que me hizo sobre el libro. Hacia las siete fuimos a ver a Jaime que se encuentra ingresado en la clínica porque le han detectado un trombo en el pulmón, parece que no hay porqué alarmarse. Desistimos de ir al último de los tres conciertos cuando al caer la noche me sentía agotado como hacía tiempo que no lo estaba, puede que fuese porque en dos días había dormido únicamente unas siete horas y que además no paré hasta que me ví consumido.
Pese al ocio he conseguido llegar por fin a la página doscientos y ya me queda muy poco para terminar.
Estoy deseando tenerlo acabado.
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