lunes, 19 de abril de 2010

IN FLIGHT CZECH - volumen trxé (3) [parte 2 de 4]

Cogimos el metro nada más llegar, yo no tenía ni idea de adonde íbamos así que me dediqué a seguir la corriente del grupo. Los primeros turistas españoles que escuché hablar en el idioma patrio me resultaron una agradable coincidencia. En poco tiempo salíamos del metro y pude percatarme de que, al igual que nosotros, media españa se encontraba allí de vacaciones con lo cual llegué a exclamar para el tendido: “Escucho más español aquí que en mi propia casa”. El resto de los españoles se reían ante la ocurrencia pero la verdad es que a mi no me hizo demasiada gracia, sinceramente prefería pasar las vacaciones en un país donde la gente no pudiese entender las tonterías que digo.

Dos paradas más tarde estábamos ya en Malastrana, el barrio que íbamos a visitar para ver de cerca la catedral de Praga. Saliendo de la estación cruzabas temerariamente las vías del tranvía (las hay por todas partes) y te dirígías por una cuestecilla hasta donde estaba la entrada a la muralla de la catedral. Las indicaciones eran un poco confusas pero si te dejabas llevar y te ponías a caminar siguiendo a la marabunta humana que portaban mochilas en plan kumba llegabas fácilmente hasta allí. Dentro de lo que era el recinto amurallado habían varias cosas por ver, lo primero que encontramos fue un patio interior donde hacían una exposición de juguetes antiguos que no entramos a visitar (era pagando y nosotros catalanes); nos tomaron el pelo por ingenuos, ponía: “Exposición de juguetes antiguos en la segunda planta” así que subimos unas cuantas escaleras de madera hasta llegar a la segunda planta y una vez allí te daban la gran noticia de que te iban a sangrar por ver la exposición.

Pude sacar una foto del traje de Darth Vader que había en una de las vitrinas. Después bajamos sin entrar a ver la exposición, “no estabamos allí para ver juguetes” decía la Neus. A todos nos pareció bien y continuamos con la visita en la que se suponía debíamos conocer la catedral. Me eché una foto con la estatua de un efebo que iba en bolas y tenía la punta de la chorra reluciente de tanto que se la sobaban los turistas. No lo juraré, pero os puedo prometer que no me invento nada, ahí tenéis la foto que lo atestígua.

La ciudad dentro de la muralla era como un pequeño Port aventura, ya sabéis a lo que me refiero, tienduchas de souvenirs por todos lados, cafeterías, bares... en plan turístico como suele suceder en el resto del planeta. Estaba reflexionando sobre lo jernoso de tal vandalismo cultural y me acabo de acordar que en la ciudad de Praga vi un museo sobre la tortura y otro muy sugerente sobre máquinas sexuales. Anda que no molan los checos ¿eh? No es que viniera a cuento pero he querido apuntarlo ahora no fuera el caso de que se me olvidase. Disculpadme por la interrupción, prosigo: Rodeando la catedral había una cola larguísima de turistas que esperaban para visitar el recinto por dentro, y donde dije larguísima quería decir interminable. Nos acercamos al sitio donde vendían las entradas para la visita y tambíen había una fila extensa de gente esperando, así que decidimos por unanimidad no realizar la visita al interior del recinto por los motivos que se exponen a continuación:

- Si no visito las iglesias en mi país, ¿para qué voy a pagar para ver una iglesia en Praga? (teniendo en cuenta además que eramos todos catalanes).


- Fíjate, si la cola para entrar ya es terrible, le sumamos la cola para sacar las entradas y encima lo que tenemos que pagar ¿vale la pena que la veamos por dentro? Si por fuera ya está muy bien ¿no? (en eso estaba yo de acuerdo aunque, la verdad, otra de las cosas buenas de Praga es que podías privar en cualquier parte así que a mí me era indiferente cúal fuese el marco donde lo hiciera)

- Yo paso de visitar la catedral esta, fijo que ahí dentro no hay nada y vamos a perder toda la mañana para ver cuatro cruces y cuatro retablos que seguro que en España también los hay. (bueno, sobre gustos está todo escrito)

Yo en particular me abstuve de cualquier comentario al respecto, aquella mañana estaba para dejarme llevar, creo que ya lo dije antes. No sé si estaba mosqueado por algo pero recuerdo que no hablaba mucho, esos venazos que me dan, aunque creo que nadie llegó a tomar verdadera consciencia de ello.

Y eso fue lo que vimos de la catedral, adjunto con la explicación unas cuantas fotografías ilustrativas de la belleza de tan singular marco medieval para que quede constancia de que la visitamos, al menos por fuera. A la salida vimos a un tío con cara de pervertido bolchevique que se andaba fotografiando con dos rubias tetonas junto a la muralla; la rubia nº 1 tenía una pinta de verbenera que se le caían las pestañas y la rubia nº 2 estaba castigadisima por la edad, que vamos, que se le notaba que había vivido del vicio.
Llegamos a la conclusión, así, debatiéndolo entre nosotros, que eran actores porno de Bielorusia y que en cuanto llegasen a la habitación se pondrían pedacos de champán y follarían los tres. Menudo plan, los eslavos orientales son la hostia. Muy a cascoporro.

Por cierto, un breve inciso que llevo semanas queriendo plasmar: ¿os habéis fijado que todas las cosas que son rusas dan mal rollo? ¿lo dije ya? Pues sumamos una más a la lista; junto con la ruleta rusa, la montaña rusa y la ensaladilla rusa hay que añadir el filete ruso. Para que luego digan si están bien considerados en el resto del mundo. Donde hay vicio, está la URSS, no cabe duda.

Si un ruso os pregunta cómo estáis (y le llegáis a entender) debéis decir: juyoba. Y si quiere brindar con vosotros debéis decir: Esdróvia.

K.M. juyoba-koffer www.klauszayin.com

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